En 2014, Bolívar protagonizó una de las campañas más memorables de su historia en la Copa Libertadores. Con Xabier Azkargorta en el banquillo, la Academia no solo compitió: desafió la lógica del continente y puso al fútbol boliviano nuevamente en el mapa internacional.
El equipo celeste logró una fase de grupos sólida, destacándose por resultados clave fuera de casa, incluyendo triunfos ante rivales de peso como Flamengo, León y Emelec, lo que le permitió avanzar como líder de su serie.
A medida que avanzaba el torneo, Bolívar fue creciendo en confianza y rendimiento. En octavos y cuartos de final mostró un fútbol competitivo, efectivo y con personalidad, eliminando a rivales de jerarquía como Lanús, entonces campeón de la Copa Sudamericana, hasta alcanzar las semifinales del certamen.
Ese logro marcó un antes y un después para el club, nunca había llegado tan lejos en la era moderna de la Libertadores. La ilusión de todo un país comenzó a tomar forma.
En semifinales, Bolívar se encontró con un rival de máxima exigencia: San Lorenzo. A pesar del esfuerzo y la ilusión, el equipo paceño no logró superar la serie y quedó eliminado en la antesala de la final.
Sin embargo, más allá del resultado, la campaña quedó grabada como una de las mayores gestas del fútbol boliviano a nivel de clubes.
El paso de Azkargorta por Bolívar dejó mucho más que estadísticas. Su conducción permitió construir un equipo competitivo, con identidad y convicción, capaz de enfrentarse a cualquiera en el continente.
Aquella Libertadores no terminó en título, pero sí en algo igual de valioso: la certeza de que el fútbol boliviano puede competir y soñar en grande.

